viernes, 5 de marzo de 2010

Los luchadores sociales en Cuba, muestran al mundo las grietas de un sistema despreciable.



Fariñas se muere. ¿Un hombre debe morir para que alguien reaccione? Acaso no es un ser humano.


Acaso no tiene derecho a expresarse, acaso no merece ser escuchado. ¿Debe morir? Los caminos hacia un dialogo racional le están vetados. Debe optar por una huelga de hambre, para alertar a la comunidad internacional.

Un sistema que pone los derechos de sus ciudadanos como prioridad, estaría dialogando pacíficamente con este hermano, para encontrar de buena fe un acercamiento y una solución a dicho momento.

Negociar en busca de soluciones, no es traicionar posturas, es de manera civilizada hacer que una persona, vuelva a sentir que su adversario lo considera adecuado para un intercambio de criterios.

Desconocer a ese adversario, no impide su existencia como tal, solo es la negación absurda de un conflicto. Que no por ello dejará de serlo.

Un hombre puede morir, por sus ideales. De pronto se pierde el miedo a la muerte. Asuntos mayores se anteponen a ese instinto del ser humano de cuidar su integridad física.

La postura del poder es incomprensible. Ante esta determinación provocada por la negación a escuchar otros postulados que difieren del oficial, se expone no solo la vida de seres humanos, esta siendo vulnerada toda la credibilidad de un Estado, ya de por si y en lo hechos muy cuestionado y empobrecido.

Es tiempo de buscar salidas decorosas a los cubanos que aman y luchan por una apertura de ideas y libertad de expresión sin que ello conlleve tildarlos de delincuentes, agentes al servicio de un enemigo, gusanos u otros descalificativos que demeritan más a quienes los usan por su carácter denigrante. La patria ve como sus hijos se alistan en una cadena de mártires, por el hecho de que un grupo político represor desee perpetuarse en posiciones que no conducen a verdaderas soluciones.

A todas luces esa actitud indigna será juzgada por una opinión pública que cobra conciencia cada día más de la inhumanidad de una dictadura en descomposición.

Así como la tiranía se aferra a su desprecio por la vida, los luchadores sociales amándola la entregan, que triste paradoja, sin que medien intereses económicos y posesiones palaciegas, lo dan todo por un ideal de justicia y libertad.

Es hora de alzar voces, y si estas temen, hacer hablar hasta las mismísimas piedras de la tierra para impedir una muerte más, a manos de los esbirros y asesinos de una tiranía indescriptible.

Requerimos cimbrar las conciencias de los hombres y de las mujeres amantes de la dignidad humana, de la libertad y del respeto a la vida. Fariñas se muere. ¡Urge salvarlo!