martes, 16 de marzo de 2010

Dos culturas, dos modos de actuar.


A propósito de los cruentos sucesos del fin de semana pasado, y viendo el tono en que la televisión mexicana, acepta los acontecimientos, uno se va quedando sin poder de asombro.


México con su cultura prehispánica de adoración a la muerte y su profundidad para darle explicación a los sucesos del inframundo. Crea toda una cosmogonía de la vida después de la muerte, que deriva en una profunda filosofía.

Cuestión que retoma Posada para elaborar sus famosas Catrinas y lograr poner en la palestra mundial el arte mexicano de principios del siglo XX, como un exponente fiel de la sincretización de dos culturas.

No porque el mexicano juega y dibuja a la muerte y la celebra, pienso que esta sea de su agrado o incluso la acepte de buena gana.

Los pasados asesinatos dejaron al descubierto, dos posturas dentro de un mismo estilo de actuar.

Los muertos ajenos, crean una minuciosa investigación, adquieren un valor agregado y se teme seriamente que los grupos detrás de estas muertes, tenga como estrategia incrementar las defunciones de personas allende nuestra tierra.

Una persona asesinada, siempre es un hecho lamentable y triste. El país de origen es lo de menos. La acción debe ser lamentada y por supuesto las autoridades correspondientes deben iniciar las averiguaciones pertinentes a la brevedad posible, hasta dar con los culpables.

Esto que es la letra de los procedimientos generales, cobra mayor significado en nuestras ciudades en conflicto.

Tendremos al FBI y los comisarios gringos haciendo el trabajo que una policía profesional y nacional debería hacer, aunque en la practica ha demostrado la nuestra ser inoperante y poco profesional.

Es mi deseo que no sucedan hechos tan lamentables, que enluten a hogares y traigan perdidas significativas a las familias, sea cual sea el origen de las mismas.

Pero evidencia el tema la prioridad que se le da al  mismo  desde dos culturas diferentes.

La cultura del profesionalismo y la cultura del valemadrismo.