lunes, 7 de junio de 2010

Hora de definiciones.

Para ti, casi en exclusiva, como una deferencia por nuestro pasado:


Cuando conocí a Silvio Rodríguez, en el año 1967, tu iniciabas el natural proceso de contener esfínteres, y yo asistía a un debut en vivo, en la televisión cubana, de un jovencito nervioso de aparecer de manera espontanea en un programa no habitual de la farándula cubana.

Mucho ha llovido desde aquella época, que menciono.

Mis años adolescentes y mi primera juventud, crecí oyéndolo, sus canciones muchas de ellas ambiguas en sus temáticas, creaban la incertidumbre de una postura indefinida políticamente, sin embargo llevados por la edad y otros conceptos propios de la misma, creía, como otros muchos cubanos que debía escucharse a este autor entre líneas, donde estaba encriptado el verdadero mensaje de sus canciones.

En esas andaba, cuando formaste parte de mi roto mundo, que desgraciadamente no he logrado componer desde niño, entre rencores, opiniones contrarias y presencias en mi familia de personas que habían sufrido de primera mano la cárcel política, y de estas, la más cruel de aquellos primeros años, Las circulares odiadas de Isla de Pinos.

En esas roturas andaba mi alma juvenil, cuando escuchaba a un trovador despeinado y enigmático.

Fuimos entonces, tú y yo, testigos de primera mano de muchos recitales en diversos lugares y deje testimonio de ello, hasta el cansancio, en muchísima cantidad de fotos que el tiempo debe haber extraviado. Muchas de ellas en Casa de las Américas, donde además de escucharlo hice mis placas, por los años en que actuaban juntos él y Pablo.

Me fui de Cuba, no podía seguir allí y contrario a lo dicho por este autor, sabía que para muchos era imposible abrir un canal de opiniones, incluso abiertamente contrarias a la forma dictatorial en la que los hermanos Castros y su camarilla de asesinos llevaban las riendas del país, por ser inmediatamente etiquetados como enemigos del estado y agentes pagados por el Imperio Yanqui.

Los que me conocen, mi familia pequeña, saben que soy de la extirpe autentica de los incomprables, y que prefiero morirme de hambre antes que hacer lo que no me da la gana de hacer. Por ello pueden acusarme de cualquier cosa, menos de ser agente de otros cerebros y mucho menos anexionista, porque después de Dios llevo en mi alma la doctrina Martiana como una segunda fe.

Los amigos de mis enemigos son por ende mis enemigos, los amigos de los que pervierten y destruyen la patria son mis enemigos, los amigos de Castro y sus asesinos, son mis enemigos.

Esta filosofía de vida, es directa, no hay libertad en Cuba, en Cuba se mete preso a cualquier hombre o mujer por opinar, incluso por pensar que pueda opinar.

En Cuba no hay libertad para ejercer un derecho sagrado de elegir a quien a uno le parezca mejor para ocupar la presidencia de la República.

En Cuba, no se respetan los derechos humanos, ni la entrada y salidas libres de los ciudadanos.

En Cuba se controla hasta el acceso y uso de la Internet, porque todo lo fiscalizan, todo lo controlan, todo lo desean saber.

En Cuba golpean e insultan a las personas que dicen cosas diferentes.

He ahí, sin ir más lejos, el caso de las Damas de Blanco, defensoras, a costa de su integridad, de un grupo de presos que han sido condenados a penas injustas y condenas desquiciantes, por ejercer el derecho que fuera de Cuba nadie le hubiera negado, de escribir, opinar y decir lo que les venga en ganas.

Esas mujeres sufren algo que tú no has sufrido, tu duermes en agradable cama, viajas y gozas de las prebendas de una dictadura que reserva para sus incondicionales, a cambio de silencios cómplices y de actitudes frías, las más finas distinciones.

Yo rompo mi vida desde muy joven por encontrar caminos pacíficos de libertad para los cubanos, sin caer en anexionismos, ni pretextos de dictadores fracasados.

Llevo un anillo de hierro con un solo nombre en mi corazón y todo cuanto, de manera pacífica hago, siendo muy poco, lo hago con el convencimiento que la libertad, traerá beneficios para todos, incluidos aquellos, que como tú, no mueven un dedo por lograrla.

Soy del bando de los de la vida rota, sí, me conoces, quizás nadie nunca me conoció tanto como tú, sabes cuánto de muerto esta mi corazón.

En esa nostalgia muero , ya muerto, soy un muerto que camina, un sufrimiento vivo, porque no puede ser insensible el que ama, el que escribe, el que piensa en la tragedia enorme de un pueblo que es esclavizado y oprimido desde hace mas de 50 años.

Los muertos de mi vida, no son solo aquellos que me dieron genes y apellido, los muertos que vagan en mi mundo de fantasmas son aquellos que no encuentran calma a sus ideales.

Yo pude ser muchas cosas, tú lo sabes, mi padre era una personalidad reconocida en Cuba, en el área de las artes, me podían haber editado, o dado espacios para exposiciones, viajes y privilegios, si hubiera cambiado mi postura, si hubiera callado y mirado hacia otro lado, si hubiera hecho caso omiso de los mítines repudio, de los gritos histéricos de una masa sin cantera.

El enemigo de los cubanos, no es el Imperio Yanqui, ese imperio siempre ha deseado a Cuba, el verdadero enemigo de Cuba y los cubanos es el traidor de Fidel Castro Ruz, que nos llevo a la destrucción, la división entre nacionales y el exterminio de la libre expresión y el decoro. El tener que fingir las palabras para poder sobrevivir en un Gueto infame.

Mis sentimientos rotos, hecho pedazos, dejados en cada polvo de un caminar de tantos años por este mundo, me han hecho más humano y más sensible que nunca, a la injusticia, a la vanidad, a los tiranos despreciables y me ha hecho crecer en humildad y respeto por el ser humano que sufre y padece de la prepotencia de una dictadura despreciable como la cubana.

Dios te bendiga.