miércoles, 27 de enero de 2010

Le Blanc Souci. Margarita Gàrcia Alonso. poeta cubana



Le blanc Souci de notre toile...
 Mallarmè.



La blanca tela anuncia nieve en mis manos


El trazado llega a la bisabuela.


Golpeo el lino que cubre y quiebra


en presencia de un secuestro.


¿Quién decide esconderse en la tinta y nombrar?


¿Quién eludió el retrato y onduló mis cabellos,


¿Cuántos pigmentos rayaron mis ojos?


¿El mundo de ahora estaba hecho en el sueño de


mi primera mujer sin nombre, la viciosa maga


que ordenaba telas con crujido de almidón?


¿Sabía leer o me dejó la oscuridad?


¿Sabía elaborar pociones, desvanecerse en el sexo?


¿Fue comprendida su caligrafía entre carruajes y cegueras?


¿Aún queda la gracia del gesto, la ironía, el encantamiento?


¿El amante perverso dejó nombre?


¿Qué sutileza en los ovarios, qué pereza y semejanza al bulbo la preñó?


¿Obtuvieron causa, hubo rondas, destilaron vinos?


¿Qué llena el ánfora de mi pecho que la siente


incomprendida y yo portadora de ir más lejos?


¿Hubo esterilidad, suicidios, hundimientos?


Alguien debe ser la causa de mis genes mal puestos.


El himen de mi madre fue arrasado bajo el murmullo de comadrillas.


¿Es qué sangró por todas?


Mi abuela fue al norte tomando la mano de Gerardo Sabas,


el querubín de la lecha fresca.


¿Por qué solo fueron setenta años de encuentro


¿Qué leyó en la Torá el día de mi nacimiento?


Mi hija delicia con la uña, hinca mi ignorancia,


de sucesivas sé que es grave la tripa,


¿quién nos dejó escondites en las entrañas?


¿Quién me ha marcado este amor complejo, estos desalientos?


Me encuentro impaciente de nominar culpables.


He sido penetrada por sucesivas enredaderas,


anduve sola traduciéndolas, traduciéndome


a una lengua extraña, incesantemente en dudas,


vaciando palabras, contando letras.


En mi cábala enloquezco de este salto que me arroja secretos.


¿Cómo confesar que fui fractura,


exiliada oscura en la noche de Europa?


Mujer unida a muertas fugaces, mujer alimento


de aves de paso y amé por ellas, amé en variantes


e incesantes pérdidas a un sólo hombre.


He llegado al contorno de mi sombra, mi perfil


se desbarata con la edad y el triste ademan de la pluma que cae.


Devoro el índice, la luz talla el orificio que fluye hacia la nada


de eso que fueron hechas y yo carezco.