martes, 19 de enero de 2010

Deslìzate a la mar , barca devota. Lourdes Marìa Gonzàlez Herrero. Holguìn 1952


del libro En la orilla derecha del Nilo (Ediciones Unión, 2000)


DESLÍZATE A LA MAR, BARCA DEVOTA.



................................................nueva canción de Orfeo para mi hijo



Deslízate a la mar, barca devota,

y cruza los paisajes con tu inocencia

en estos tiempos en que las naves tienen que ganar.

Tú que aún superas para ti el origen

de la ciudad pequeña, dulce, desmembrada,

hazte a la mar de la memoria y boga,

cruza océanos de dudas, noches de réquiem,

deshace el mito para volver a ser,

no te devuelvas a la orilla sin la esperada prenda,

trae peces ........................ y trae orgullo

que para ti vibra mi alma en la ausencia.



No puedo practicar ningún oficio en los días que corren,

no existe ningún oficio para mí,

pero tú, barca infantil,

boga, deslízate,

atraviesa el agua cada vez más peligrosa

y vuelve para que yo te escuche

aunque sea en el día de mi muerte.



Yo pudiera inventarte algún Pequeño Anceo,

una tribuna y un heraldo,

pero serían palabras,

y las palabras nunca te salvarán de las corrientes

donde los viejos cantos pierden su sentido

y el mar

pierde su distancia.

Isla, pedazo de tierra que conozco,

dale a mi hijo un remo

antes que las actuales olas lo invadan todo

y sólo quede el eco de aquel coro increíble.

Isla, razón,

dale a mi hijo un buen pretexto para el viaje

y déjalo, barca de sueños,

rendir el verdadero himno,

encontrando los símbolos de esta noche,

esta larga noche, de este valle infértil,

pero propio.



Deslízate por la única ruta

y da calor a las costumbres,

verás, pequeña nave promisoria,

verás de cerca y vivirás

lo que hoy te cuento como si fuera un pasaje remoto de la vida.

Tocarás la llama

porque eres también la cifra oculta,

boga, lento y seguro,

sé timonel y encántate con las ofrendas,

pero no olvides regresar.

Te brindarán en el camino rojas flores,

te darán vino y el placer que dura poco,

tómalo todo y luego

deslízate a la mar sin lamentarte nunca de ese viaje.



Pequeño encantador de mi pena,

tráeme la dignidad de la memoria

que yo te esperaré

aunque llegues el día de mi muerte.