miércoles, 2 de septiembre de 2009

OFREZCO DISCULPAS.

No son “lindos” mis poemas, afuera tampoco lo es. Soy un fotógrafo de la escritura. La vida es odio, no debería ser. Pero a eso hemos llegado. En esta guerra extraña el amor retrocede aceleradamente, dejando el campo de batalla en manos de las bestias, que oprimen y destierran, los campos arrasados, los bosques talados, los ríos escurriendo líneas con olores a plomo que salen luego por las llaves de las casas y la beben los niños y los viejos. Los risueños hombres de negocios, la purifican, y la venden luego, como el agua de las grandes catedrales. Sentados a la mesa de las avaricias los grandes empresarios, los curas pederastas y los esclavos sirviéndoles la mesa. Lamento decirles que el optimismo se vistió de furia y la palabra clama con hechos descomunales. Basta de flores y de sonrisas para tapar el sol que nos dejan, es tan grande que no pueden taparlo, si no lo hiciesen.
Quiero poner emblemas de pensamientos en los niños que empiezan a pedir lo que no sabemos como darle, en los jóvenes que carecen de estudios, en las familias pobres donde no alcanzan los miedos. En las calles sin dueño, en los arrecifes del viento que rompe las entrañas en la madrugada. En la mirada perdida de los drogadictos, en las visiones de las madres que cansadas del llanto, enfilan nuevos planes.
Aún confió en la siembra, aún no esta tarde, ojalá otras voces escuchen antes de cansarse, es preciso agotar los caminos, antes de enfrentarse a tanta ruindad circundante. Afuera la calle arde. Adentro el pecho resiste.

1 comentario:

Carmen Rivero dijo...

Y yo contigo, amigo...yo contigo.
Besos, muchos besos