jueves, 8 de abril de 2010

Cuando el tiempo del recuento nos alcance.

Llama mi atención la noticia que veo, reunidos los máximos dirigentes de Polonia y Rusia, estos últimos representados por el primer Ministro Puttin, ofrece disculpas publicas por el asesinato de al menos 20000 soldados polacos, por parte del ejercito rojo en la época nefasta del dictador José Stalin.

Cierto es que son muchos los dirigentes mundiales que se están parando ante un micrófono y de manera digna y necesaria, ofrecen disculpas por cosas que han sucedido antes que ellos tomaran posesión.

Es de encomiarse dicha actitud. Grande fue el precio del holocausto para el pueblo sufrido de Polonia y además, sumar los muchos asesinatos planificados fríamente por el chacal ruso, cuando estaban a punto de poder disfrutar de la libertad y la democracia que tanto se le había regateado por parte de vecinos voraces.

Hoy de algún modo se hace justicia al reconocer tan vil proceder y se exhorta a los científicos e historiadores a investigar y escribir la historia resultante de los hechos.
Otra sabía lección que la nueva convivencia otorga al mundo como compensación de tanta ignominia.

El tiempo de actuar moralmente aceptable, demuestra lo acertado de la historia que puede tardar, pero siempre acaba siendo conocida.

Esta verdad a todas luces ocultada por propios y extraños según sus intereses, pone de manifiesto la atrocidad de un régimen de horror y muerte, sin posibilidad de dudar en ello en lo más mínimo.

Una lección sin duda para los tiranos cubanos que cada día ven mas cerca la hora de rendir cuentas por sus atropellos y desmanes.

Es innegable la severidad aséptica del tiempo. Cuantos muertos pasados y presentes y desgraciadamente por venir.

Es preciso decir a todos aquellos que se aprestan a golpear con palos, piedras y cables, que no encontrarán justificante en la trillada frase: yo cumplía órdenes.

Es mucho mejor meditar ahora sobre lo que será después.

Aún están a tiempo de no dejarse arrastrar por una dictadura que vive sus últimos momentos decadentes.

Y no olvidar que al violentar la paz y la integridad de las personas están inexorablemente violando las leyes, que algún día por fin se harán cumplir.