jueves, 2 de junio de 2011

Por qué las Fronteras.

Dedico estas  palabras a mi amiga Carmen R. Y a todos  los que obligados por las circunstancias preferimos emigrar antes que intentar luchar por cambiar las cosas.

Por qué las fronteras?, por qué no ir y venir cuando se nos plazca, viajar con el propósito de ir a besar a los que amamos y nos dieron la vida, el dolor no se puede ignorar al ver la Ciudad destruirse por aquellos que desconocen en su totalidad el amor, el temor a Dios, el respeto al aire, al suelo, a los seres humanos, Pienso en voz alta, sólo eso y sé que carezco de las palabras y pensamientos más elocuentes.


Por dónde empezar a tratar un tema tan complejo, quién o quiénes son sujetos de ser culpados ante la terquedad o la negativa a dejar paso libre en las fronteras.
 Múltiples factores inciden en tal prohibición. Qué tal si fundáramos el país de los ricos y el de los pobres. Sería interesante imaginar cómo sobrevivirían los ricos, al no tener personas trabajando para ellos y “los de abajo” de donde sacarían el dinero para procurarse una vida digna.
Qué factores desencadenan envidias, celos, racismo y odios. Estoy seguro que los EEUU, no han olvidado su composición multinacional, en apenas dos siglos de creado, el Estado más poderoso del planeta conoce perfectamente sus orígenes y su historia. Y asumo que los otros países dominan sus antecedentes perfectamente.
Países pobre, ricos, en vías de desarrollo, en crisis, vulnerables, etc.
Cuando no había pisado el Potomac ningún pie Irlandés, ya los Aztecas dominaban a otros grupos étnicos y les cobraban impuestos. Y los Incas del Perú adoraban dioses en Machu Pichu, y las grandes aves veían el paso de los dueños de esta tierra bendita al sur del Rio Bravo, crecer hacia las nubes.
Qué hicieron aquellos extranjeros al llegar al Hudson, al fundar las trece colonias, al poblar la Florida, las frías tierras del Canadá. Fueron acaso más valientes que los aguerridos soldados mexicas desafiando lo desconocido miles de años antes.
Es que acaso Hernán Cortes les enseño las artes de la guerra a un pueblo que había conquistado medio continente.
Cuándo nos quedamos dormidos y el vecino del norte nos arraso con su pensamiento y puso codicia en nuestras mentes, y nos vendió la idea equivocada que tener mucho daba valía al hombre.
Qué sucedió para que construyéramos modelos que tenían de ejemplo la fábrica de consumo y falsedades que nos invitaba a seguirlos.
Por qué erramos tremendamente el camino, de que huevo de águila salió el primer traidor y donde estábamos que no supimos desterrarlo de nuestro mundo.
Qué maestro me enseño a ver lo ajeno con ansias de poseerlo y despreciar mis logros. Aceptar valores ajenos y olvidar los que nuestros abuelos nos legaron.
A qué hora infausta desprecié la grandeza de mi tierra y la historia majestuosa de mis antepasados, como pude cambiar tantas barras desconocidas por un Águila que se abre imponente ante la traición.
Tal vez merezcamos un cerco de desprecio y un vecino que no nos quiere, porque hemos dejado a un lado valores, y permitimos que hombres avariciosos y ruines nos dejaran sin patria y adoptáramos otros patrones olvidando todo lo dicho por nuestros ancianos durante toda nuestra historia.  
Hemos despreciado la voz de nuestra tierra y cantamos en voces que nos son distintas, cantos que no traen el arraigo de la sangre y la tierra donde han muerto los que un día nos enseñaron a quererla.