martes, 2 de abril de 2013

El Mirar Atrás. Ensayo




              Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
                                                                                                                             Gn. 19. 26


Una frase puesta en una red social por una amiga detona aceleradamente una serie de respuestas, en este caso especifico, al que me refiero, el deseo a regresar de todos aquellos que en su inmensa mayoría, por criterios políticos hemos dejado atrás nuestra patria.

Sin importar cuál  haya sido el desempeño económico, la cuestión emocional provocada por el natural desarraigo, crea una situación de ambigüedad, nostalgia por lo dejado y los efectos que esto provoca irremediablemente en las personas sensibles.

Otros luchan contra todo esto y lo superan, sin embargo en carreras exitosas hemos notado reminiscencias inevitables a menciones que delatan referencias a épocas anteriores que por otros aspectos suelen darnos complacencia y traen a la memoria recuerdo de familiares, amigos y la tierra que nos vio nacer.

La decisión de abandonar todo, de manera literal,  provoca una fisura que marca un antes y un después, en la vida de los inmigrantes.

Pero cuando analizamos esa actitud humana tan recurrente, sobre todo, cuando las cosas no van como uno espera o desea, regresar a un periodo de seguridad mental, o física, donde las cosas se dan de otra manera, puede ser una reacción normal, pero no va a resolvernos la dificultad a la que nos enfrentamos.

Surgen las frases, si hubiera hecho esto o aquello, eran otros tiempos, quién me lo iba a decir. Nunca acabaríamos de mencionar todas.

El querer volver a zonas de seguridad, cuando el presente no pinta muy agradable, es una vieja fórmula humana de huir a los riesgos normales a que nos enfrentamos.

Sabemos cuándo nos abocamos  a nuevas etapas, que no podemos controlar todos los hilos que componen las diversas situaciones a que nos enfrentamos en nuestro devenir.

Sea profesional o personal el desempeño humano está enfrentado a una dosis muy alta de imprevistos.

Realmente muy pocas cosas impiden continuar adelante con los planes que nos proponemos.

Sin embargo subestimamos los imponderantes que suelen aparecer en los procesos naturales de la vida,  muchos se derrumban, otros afinan los detalles y asumen como retos tales dificultades.

Se dan unos pasos hacia detrás y buscamos refugio en otros momentos exitosos o seguros de la existencia, para recomponer lo negativo, mientras la mente se toma un respiro virtual y se reordena.

Sucede que pocos rearman el rompecabezas y vuelven a intentarlo, y muchos prefieren rendirse.

Podemos trasladar lo comentado a cualquier ámbito de nuestro devenir. Y veremos cómo ha sido el cometido ante las diversas contrariedades que nos han aparecido.

A pesar de que retroceder para buscar un área de seguridad, es una medida muy socorrida, resulta más temprano que tarde un error.

La historia nos muestra ejemplos que solemos desdeñar, pero analizados profundamente, nos permiten aprender lecciones que resultan esenciales para periodos históricos determinantes.

Hernán Cortes nos proporciona una reflexión digna de recordar. Tras un propósito definido de conquista, no puede regresar a Cuba. Desembarca en México y deshace las naves. Esto no es solo un gesto simbólico, es una postura definitoria.

Transmite a la tropa un mensaje de acción sin retorno, no hay vuelta atrás.

Lo que se logró en Cuba ya es historia, otro proyecto se está promoviendo que requiere toda la concentración y la disposición de una tropa que no puede darse el lujo de nostalgias y añoranzas.

Van sobre algo mejor o al menos ese debe ser el espíritu que proyecta el Conquistador Cortés y no van a cejar en el empeño por lograr la victoria.

Es conocido de todos el derrotero de las tropas españolas en la Conquista de México. Hubo altas y bajas, porque los hombres asumen responsabilidades y la ejercen de manera diferente.

Al final lograron su objetivo, pero desde un principio definieron un rumbo lineal sin retroceso.

Claro, no hablo del alto costo emocional y humano de un acto de tal naturaleza brutal. Esto es solo un ejemplo.

No mirar atrás es un mensaje bíblico originalmente. No solo es un mensaje de índole religioso, nuestra herencia no es terrenal.

Pero demuestra que a pesar de las debilidades humanas, nuestra vida crece cuando continuamos luchando ante las adversidades, que no son pocas, a diario nos enfrentamos a retos que nos ponen a prueba. Desde cosas sencillas hasta trascendentales.

Es precisamente ante esté cumulo de accidentes, a los que enfrentamos, donde nos hacemos gigantes.
Dominar el fuego, embalsar el agua para tiempos de seca, desarrollar la tecnología, ponernos metas más altas cada vez, con el afán de lograr cosas mejores.

Mirar hacia atrás crea una debilidad emocional que no va acorde con el empuje necesario para lograr metas positivas.

A qué volver a lo fallido, lo errado, lo incorrecto, a la zona que ya se probó y quedo demostrado no nos favorece.

Si en cambio nuestras propias pifias, son las responsables de un mal comienzo, tal situación nos puede servir de acicate para mejorar el desempeño, el pasado está repleto de experiencias que pueden hacernos muy exitoso el presente.

Sin embargo como humanos, nuestra psique no acepta, si no a regañadientes, que se apliquen cambios drásticos en nuestros patrones de vida.

Contra tales cosas tuve que lidiar cuando se nos pedía, siendo encargado de aplicar nuevas políticas dentro de una compañía, que le pidiésemos a los trabajadores que en vez de efectuar una operación de la manera habitual , la cambiaran a otra predeterminada.

En ese momento, la mente rehúsa abandonar su área de seguridad y adentrarse en terreno desconocido, incluso algo que no tiene vuelta atrás y debe ser implementado guste o no.  

Se vuelven apáticos, recelosos, algunos incluso lo demuestran abiertamente y otros optan por actuar remolonamente.

Por supuesto y sin que se percaten, vuelven a una etapa muy anterior en su evolución como persona. Tendríamos que buscar en la relación padres –hijo, que tan interesante fue a la hora de ayudar a enfrentar nuevos retos.

Algunos incluso sin darse cuenta,  piden a gritos que alguien los ayude a resolver, en ciertos casos, asuntos de poca envergadura dentro del proyecto, de tan confundidos y temerosos que están.

Por supuesto  un líder, no es un padre complaciente enseñando a un hijo a no tener miedo en la oscuridad. Es más, existen proyectos que no se han probado total o completamente y requieren un máximo de involucramiento para lograr el éxito sobre los tales.

Es responsabilidad del encargado del mismo usar todo su ingenio, motivación, compañerismo y sensibilidad para impedir que fracase y hacer porque todo funcione de manera exitosa.

No mirar  atrás no es solo una metáfora religiosa, es una filosofía de vida y logros, que ha llevado a la raza humana al nivel de conocimiento tan avanzado en que se encuentra hoy y que solo Dios sabe cuando pueda recesar.

Gracias a el empuje de aquellos que marcan un camino, hemos podido transitar otros que venimos detrás. Sin cuestionarse en muchas ocasiones todo el esfuerzo monumental que se tuvo que invertir en horas, sacrificio y vidas humanas.

La propia historia de la humanidad olvida hechos trascendentales que pusieron al hombre en otro escalón no pensado, ni soñado por el grueso de la raza humana.

Queremos volver a épocas de ensueño, a relaciones que fueron y ya no son, a tiempos que incluso por más que quisiéramos no pueden regresar.

Entonces queda plenamente de manifiesto que hoy en día si intentamos retroceder o vivir de recuerdos o añoranzas por un pasado que fue, de cierta forma seguro o brillante, ya no lo es. Aferrémonos a la orilla de la balsa y sigamos remando.

El puerto, la cala, o afortunadamente la playa no queda muy distante, y si no llegamos, si no alcanzamos nuestra meta prevista, ansiada, soñada, incluso idealizada, al menos lo habremos intentado y eso nos habrá puesto en otro peldaño de nuestra escalera hacía el mejoramiento personal.