sábado, 14 de julio de 2012

¿México ,hasta cuándo?

                  Si se violan labios que pretenden besarse
                  los besos saben a tierra de cementerio
                  que lleva ese olor a muerte y humedad
                  podrida en lo profundo de su destino.


Ambicionar ser Presidente de México, no es una ambición cualquiera. Más si se vulnera la ética elemental que debe preservar la trayectoria de una ambición tal, se corre el riesgo de echar por tierra la noble causa, el honor inmenso de serlo.


A qué conclusiones se puede llegar, juntando los elementos presentados por los diferentes partidos políticos, ciudadanos, pueblo en general y por supuesto intelectuales y periodistas, de hechos tan graves como es la manipulación de la pobreza, la compra de votos, la inducción a votar por determinado personaje y el pago de dicho favor considerando violar de antemano la ley, la ética y la moral.

Qué factores hay detrás de todos estas agravantes que hacen que se pisotee la democracia, se pierda la credibilidad y fomente la duda y la desconfianza en la persona que debe ocupar el más alto cargo político de la nación.

México se enrarece aún más con estos cuestionamientos. Se sospecha que la campaña por la presidencia de la república halla permitido ingresar dinero de intereses oscuros. Que a cambio se han de cobrar de alguna manera el favor otorgado.

Cuando se acepta jugar se deben respetar las reglas del juego, por ello nadie espera que los protagonistas quebranten las reglas con que han comprometido jugar.

Esto no impide que alcen la voz y digan y expongan al pueblo y al mundo los defectos visibles de nuestro sistema electoral, con sus consabidas grietas y su pobre desempeño.

Pero fuerzas mayores se mueven tras bambalinas al amparo de contubernios y concilios invisibles a la nación que se imponen a gobernar.

Y aquellos que esperan ver desbocados los causes, que no deben respeto a reglas de juegos, a la que no están atados, que son vulneradas precisamente por los que deben respetarlas, abonan el teatro para una situación que enrarece y calienta los ánimos de fuerzas oportunistas y tremendas.

Habemos millones que no vemos llegar la hora de un México justo y equitativo, moderno y pacifico, de respeto y dignidad, donde los que violenten la ley sean severamente castigados y los poderosos sean los primeros en servir, para evitar poner en peligro la paz nacional.

Si tomamos en cuenta que negociar con fuerzas oscuras para aparentar un Estado tranquilo puede detonar mayor grado de inseguridad que el ya existente y desbordar los flacos diques del  derecho que todavía nos queda.

Entonces es sano encausar los justos reclamos y poner un alto a tanto descaro y miseria por llegar a ocupar tan alto puesto. 

Es preferible sentar el precedente de un Estado de Derecho Institucional, que puede corregir cualquier desviación por grave y costosa que está sea, antes que arriesgar la paz y la seguridad  durante los próximos seis años.

Hacerlo demostraría no solo al mundo que, hipócrita y hábilmente, intenta reconocer y avalar el enlodado proceso electoral y por ende la democracia pobre y enferma que vamos construyendo, daría certeza y rumbo a un pueblo que se prostituye tristemente hipotecando su futuro, debido a su vulnerable situación de pobreza e incultura.

Sin embargo no podemos pedir a las partes involucradas se erijan en juez de su propias ambiciones. 

La paz y la concordia quedan atrapadas en una miope traición de ambiciones.¡ México, hasta cuando!