martes, 15 de febrero de 2011

Hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar.




Muchas voces se levantan en la Internet vinculadas a cubanos de la diáspora, para pedir levantamientos en Cuba, y a favor o en contra debemos pronunciarnos.

La situación moral de cada uno así lo exige. Sin embargo no es una postura que se defina en automático y si después de meditar sobre amplios aspectos.



Si apoyo a quienes piden un levantamiento de tipo pacifico en mi patria, asumo que no podré intervenir físicamente, eso me pone en una situación desventajosa y cuestionable.



Si asumo no intervenir en dicho movimiento, puedo estar propiciando una corriente negativa que acabe por diluir el empeño de muchos miles dentro y fuera de nuestro territorio.



Cómo actuar para lograr un fin común sin derramar sangre que pese sobre mi conciencia, sin importarme lo que piensen otros al respecto.



Es un camino lleno de disyuntivas, que a la larga necesita ser muy bien meditado.



A quién beneficia un movimiento liberador de las fuerzas sociales en Cuba. Primero que todo a los cubanos que residen allí. Verían abiertas, ante sí, las posibilidades de tener derechos y oportunidades negados durante más de 50 años.

El mayor derecho de todos, poder elegir y votar libremente un gobierno que responda a los intereses nacionales de todos los cubanos de adentro y de afuera.

Luchar por Democratizar una vida que ha sufrido un colapso total de bienestar y desarrollo.

Distribuir la riqueza, que ahora disfrutan tan solo unos pocos, y crear empleos dignos y necesarios.

Rehacer las relaciones internacionales con fundamento en una nueva Constitución, que defienda nuestro derecho a ser dueños verdaderos de lo que se produce, según el esfuerzo y la capacidad de cada cual.

A enjuiciar a todo aquel que esté o haya estado involucrado en crímenes y violaciones a los derechos humanos.

Fomentar el respeto entre las naciones y rehacer las relaciones con todos los países que deseen nuestros mismos propósitos.

Luchar para lograr estos objetivos no es arengar para mandar a la calle a quienes de seguro van a llevar el peso más grande de los eventos que se darán.

Es prepararse organizadamente para transitar hacia un estado de cosas, con la menor afectación posible de vidas.

Respeto mucho las opiniones ajenas y no voy a servir de tropiezo en ningún momento.

Los pueblos tienen los tiempos que sus inercias dictan, ni por más proclamas, ni por voces oportunistas, ni situaciones de diversas índoles , se han de acelerar o retener los tales.

Pero sobre aquellos que de una u otra forma arengan a una situación de desobediencia civil, movimientos cívicos del corte que deseen, caerá la responsabilidad moral de los sucesos.

No es cosa por tanto de gritar, ni alborotar conciencias, conduciéndose como en otros momentos de nuestra historia se han conducido otros grupos o personas.

Es concertando compromisos y uniendo voluntades, como se logra dar forma a un movimiento de liberación nacional pacifico.

Porque de modo pacifico se busca el respeto y la solidaridad de los demás pueblos que coinciden con nosotros que es también la hora para Democratizar a Cuba.

Queda pues sin ánimos de lucro o realce de personalidades, afrontar nuestra hora y decidir entre las voces más capacitadas el plan de acción que se ha de intentar para entre todos los cubanos echar de una vez a los traidores de nuestra patria.